Un abrazo que nos interrumpa el homicidio

Por Lukas Jaramillo – Casa de las Estrategias

En los últimos 6 días han sido asesinadas 16 personas entre los 15 y los 42 años. Tres eran menores de edad, ocho tenían entre 20 y 25 años y cinco eran mayores de 30 años.
¡Tres menores de edad! Es una atrocidad. El fenómeno del homicidio tiende a una descomposición.
Es increíble el número de homicidios en Belén y Altavista y que seis hayan ocurrido en el mismo sector. Suficientes homicidios en Altavista como para aterrorizar a muchos vecindarios.
Altavista es un problema de todo Medellín y adicionalmente, el problema no está concentrado, nunca se ha resuelto del todo en las demás comunas populares y hay un circuito Altavista – Comuna 13 y San Cristóbal – Comuna 13. Los problemas en Aures persisten y en la Comuna 8 y 16 se reactivan porque fueron problemas subyacentes que nunca resolvimos.
Hay formas del cuidado en la política de seguridad que no se han ensayado en Medellín, también hay una territorialidad que se ha venido perdiendo y -sobre todo- no se terminó de desarrollar durante varios cuatrienios.
Para tener una política de seguridad protectora -donde la Alcaldía de Medellín es más autónoma y capaz- no se requiere dejar de trabajar en aumentar los costos del delito reduciendo impunidad. Las dos partes de la política son complementarias y mientras más profesional una Policía y más técnica una política anti-crimen menos violenta va a ser.
Necesitamos profundizar mucho más en las alertas tempranas y los canales para los ciudadanos que saben que están en riesgo, no podemos “enterrar” a ninguna víctima potencial en una burocracia, ni transferir a un ciudadano con miedo como si se tratara de “un chicarrón”. Medellín cuenta con el Protocolo Nada Justifica el Homicidio https://nocopio.com/nadajustificaelhomicidio/ desde el 15 de Agosto de 2017 y agradecemos la voluntad política de los que lo sacaron adelante en la Alcaldía. El asunto es que no es suficiente con un sólo programa (el Protocolo no va a ser la única respuesta para evitar homicidios) y el Protocolo ha estado en una fase de piloto donde se le tiene que mejorar la atención al ciudadano y se tiene que ampliar y potenciar -desde la publicidad hasta la capacidad operativa-.
La territorialidad de una política de seguridad se tiene que desarrollar sobre lo que significa cuidar un barrio, ha habido valiosas intuiciones en Medellín, pero también un estancamiento. La recuperación de un barrio o de un vecindario aún más pequeño tiene que significar normalizar la vida, toda las dinámicas institucionales y que todos los vecinos (hombres y mujeres de todas las edades) dejen de tener miedo.
Para el cuidado integral de un barrio necesitamos a la Policía pero también necesitamos no dejar sola a la Policía. Y para no dejar sola a la Policía tenemos que discutir en qué instituciones y servidores públicos estamos delegando qué y una filosofía estatal (donde se sume gobierno y ciudadanía) sobre “el cuidado del cuidador”.
Hacer la solidaridad más estratégica implica una unión y coordinación de fundaciones, ong’s, organizaciones de base, universidades, ONU y cajas de compensación para recuperar cuadras específicas con una nueva socialización de jóvenes y adolescentes, que abastezca genuinamente prácticas identitarias, resuelva sin intermediaciones criminales la transición de la preadolescencia a la adolescencia y rompa barreras para la movilidad de jóvenes -haciendo a aquellos destinados al homicidio menos manipulables y aumentando su redes protectoras-.
Es imposible reemplazar al Estado en la mayoría de los componentes de la seguridad pública y de la justicia, también debería ser una responsabilidad central estatal tener programas masivos e integrales para resocializar a adolescentes infractores y para permitir “la salida” y dar segundas oportunidades a jóvenes en espacios de violencia y situaciones de amenaza y manipulación.
Este es otro tema en el que la obligación de la Alcaldía de Medellín no reemplaza (o se reemplaza con) la responsabilidad de la ciudadanía: es difícil pensar un voluntariado real y franco para la reducción de los homicidios, empezando porque la mayoría de las personas en Medellín no tienen nada que ver con el homicidio (distinto a lo que pasa con la contaminación y el cuidado del medio ambiente), pero hemos encontrado una ruta solidaria y tenemos nuestra convicciones puestas en el poder del gesto y del símbolo.
Hagamos mucho más, hagámoslo todo con las pequeñas acciones de cada uno.

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